
Fuente: El Progreso (Silvia Iglesias)
El Estado acaba de remitir a la Unesco el informe decenal favorable de un territorio que comprende tres concellos y casi 40 colectivos
El 27 de octubre de 2006, la Unesco proclamaba Reserva de la Biosfera un territorio de 53.664 hectáreas repartido en tres concellos de A Montaña —Cervantes y Navia de Suarna al completo y una pequeña zona de Becerreá—, dando así luz verde a la candidatura auspiciada por la Diputación de Lugo.
Os Ancares Lucenses e Montes de Cervantes, Navia e Becerreá se convertía en la tercera área de Galicia bajo este sello, solo por detrás de Terras do Miño, distinguida en 2002 y también impulsada desde el gobierno provincial, y Allariz, en 2005. Ese mismo día también recibía la catalogación Ancares Leoneses y Sierras de Béjar y Francia.
Dos décadas después, la foto fija en la parte lucense de Os Ancares es prácticamente la misma y eso es lo que se busca con este sello, «que se manteña o que temos«, afirma Andrea Macho, gestora de la reserva desde hace 15 años.
Desde 2006, el significado de lo que supone esta figura ha ido permeando en la sociedad. Las reticencias iniciales ante el temor de posibles restricciones e imposiciones quedaron atrás y ahora es precisamente la población de este territorio quien mueve el engranaje.
«Sen xente, non hai Reserva da Biosfera, non tería sentido«, añade Macho. Pero no fue un trabajo fácil. Hasta 2016, coincidiendo con el primer informe decenal favorable por parte de la Unesco, no comenzaron a implicarse las primeras asociaciones en el órgano de participación y, lo que arrancó con la Sociedade Galega de Historia Natural, Adega, el GDR Montes e Vales Orientais o la sociedad micológica Lucus, derivó en una red que actualmente cuenta con 39 entidades, y subiendo: en 2025 hubo siete peticiones de entrada y este año, por ahora, tres.
«O noso éxito é lograr unha xestión participativa tan motivada«, señala la técnica, «e non é algo doado nunha reserva que só comprende tres concellos«. En ello coincide Carlos López, diputado provincial de Medio Ambiente, el área de la que dependen Terras do Miño y Os Ancares Lucenses. «Hai moito movemento e iso nótase nas solicitudes que hai cada ano nas convocatorias de axudas«, reconoce el también alcalde de A Fonsagrada, «a Deputación ten clara a aposta polas áreas que xestiona e apoia, consignando cada ano partidas nos presupostos«.
Pero, ¿qué es una reserva de la biosfera?
A diferencia de figuras conservacionistas como parques naturales o nacionales, una reserva de la biosfera solo se aplica si la población está interesada en gozar de ese estatus.
Supone «protección e desenvolvemento sostible«, apunta Andrea Macho, quien admite que el punto de inflexión en Os Ancares Lucenses vino dado por la gestión participativa de un territorio que se mantiene todavía sin parques eólicos por el paraguas de Rede Natura 2000 pese a los múltiples intentos de los últimos años. Tantos, que desde 2021, por las manos de los técnicos de esta reserva han pasado más de 40 proyectos.
En este 2026, Os Ancares Lucenses se enfrenta a su segundo informe decenal, documento que se basa en el cumplimiento de tres funciones —conservación del patrimonio natural, cultural y etnográfico; desarrollo socioeconómico sostenible y apoyo logístico, fomento de la investigación científica y divulgación— y que el Gobierno central ya ha remitido en sentido favorable al Consejo Internacional de Coordinación (CIC) de la Unesco. Su respuesta no se dará a conocer hasta el verano del próximo 2027, ya que se reúne una vez al año.
Numerosos proyectos y transversalidad
En estas dos décadas, en el territorio que se encuentra bajo la Reserva de la Biosfera han proliferado numerosas iniciativas, y no solo privadas y colectivas vinculadas al sector primario y agroalimentario.
Tanto es así, que Andrea Macho hace hincapié en la transversalidad que supone administrar una reserva como la de Os Ancares Lucenses, en la que confluyen ámbitos tan diversos como agricultura, ganadería, turismo, promoción social o cultura y que se plasma, ejemplifica, «nas reunións ás que imos; normalmente acudimos acompañados de técnicos doutras áreas provinciais«.
Los gestores enumeran, entre otros, el proyecto de recuperación de soutos en Vilor (Navia) y Vilaver (Cervantes), una experiencia piloto en la que participó de manera muy activa la cooperativa A Carqueixa para identificar propietarios de montes comunitarios y avanzar hacia su aprovechamiento económico, o los campus de emprendimiento en centros educativos y con entidades de la zona para animar a los más jóvenes a quedarse en la comarca y desarrollar su actividad en ella.
Pero también ponen el foco en el impulso al sello Starlight y la puesta en valor de los cielos de Os Ancares —se instalarán miradores integrados en el paisaje para la observación de estrellas—; la señalización de rutas y elementos patrimoniales o una extensa programación de actividades gratuitas que se renuevan cada trimestre, como el taller de artesanía alimentaria el 5 de noviembre o la formación de rescate en montaña que se hará el 7, así como propuestas para poner en valor el patrimonio y gastronomía de la comarca.
Así, el sábado, por ejemplo, es la VI Xornada de Degustación da Tenreira de Ancares en San Román de Cervantes; el 26 y 27 la asociación Ser organiza la yincana Latexa, o el concurso fotográfico que organiza la Diputación con motivo del vigésimo aniversario de la reserva cuyo plazo de participación está abierto hasta el 30 de noviembre.
Dos grandes amenazas y muchos retos
Para Carlos López, uno de los retos de esta Reserva de la Biosfera es lograr la implicación de todas las administraciones, «sexan do partido que sexan«, en su protección y desarrollo, mientras que Andrea Macho se propone poner en marcha el próximo año la marca Os Ancares Lucenses para dotar de un sello específico a los productos y servicios del territorio y ampararse bajo el de Reservas de la Biosfera de España.
Habla también de mantener el trabajo participativo, seña de identidad de una figura como esta; continuar con la captación de fondos; desarrollar acciones conjuntas con la reserva Ancares Leoneses, «coa que temos moitísimas cousas en común e con cuxos técnicos nos levamos moi ben«, dice la gestora lucense, y, sobre todo, «comezar a traballar coa mocidade, que é o futuro«.
El objetivo no es otro que espantar los dos grandes monstruos que amenazan a esta área: la despoblación y los incendios, derivados también de un cambio climático acuciante.
Con todo, la intrincada orografía proporciona «o bo e o malo» de una zona que, por su aislamiento geográfico, «conserva moi ben a súa biodiversidade«.
El narciso de Os Ancares, los brezales, el mosaico de paisajes y las enormes masas forestales de árboles autóctonos, los cortines, los castaños, el Navia, el Ser y el Rao, la huella del oso pardo, la trashumancia a un lado y otro de la sierra, la pandeira, la androlla, los ganaderos, las polavilas, las pallozas, las torres, puentes, castros y molinos, las leyendas, refranes y cantigas… Piezas de un mismo puzle construido mano a mano por naturaleza y vecinos.
Pedro Álvarez: «Se me arrepinto de algo é de non cambiar de vida antes«
Pedro Álvarez, ingeniero de montes, se crio en Vigo pero tenía claro que, de un modo u otro, iba a acabar en Os Ancares. Su familia tenía una casa en Barcia, en el municipio de Navia de Suarna, y aunque pocas veces había estado en ella, «foi suficiente para saber que existía» y querer darle una nueva vida. Dice que si de algo se arrepiente es de «non ter cambiado de vida antes«.
Hace una década regresó a sus raíces «coa idea de facer a miña vida aquí» y poco después, «hai uns seis ou sete anos» abrió las puertas al mundo de Casa Quiñones, tres apartamentos rurales con espacio coworking para aquellos que llegan y necesitan un lugar en el que trabajar a distancia, pero también para los vecinos.
«Non se trata só de alugar para os turistas, senón que tamén quero facer comunidade«, explica Álvarez, que compatibiliza desde casa su labor de hostelero con la ingeniería vinculada al sector industrial.
A su negocio llega gente de todos lados. Este año, hasta doce nacionalidades. Buscan, asegura Pedro Álvarez, turismo de naturaleza, pero «para que se queden máis que un par de días hai que darlles propostas e plans para facer«, si bien admite que «desde que abrín, tamén se puxeron en marcha outros proxectos«.
Álvarez lanza un órdago a las administraciones. «Hai que ter infraestrutura e servizos básicos para que a xente aposte por este territorio; está afastado de todo e o minifundismo, por exemplo, limita a actividade«, concluye un hombre enamorado de Os Ancares, con sus virtudes y sus obstáculos: «Gústame todo, a paisaxe, a montaña, a comunidade«.
Isolina Rodríguez: «Sementamos o centeo, segamos… pero nós sós non chegamos a todo«
La asociación Teitos de Piornedo, en Cervantes, es «pequeniña«, dice una de sus seis integrantes, Isolina Rodríguez. Nació hace unos ocho años porque «cando iamos pedir axudas para as pallozas dicíannos que non se podía facer nada, que eran privadas, así que quixemos facer algo«.
El colectivo que preside desde sus inicios la joven Lucía González, y que prácticamente desde el principio se sumó al órgano de participación de la Reserva de la Biosfera, surgió para «conservar as pallozas, pero tamén a cultura do centeo e todo o patrimonio inmaterial, porque todo está relacionado«, dice Isolina, quien lamenta el estado que presenta Piornedo. «Estase deteriorando moitísimo«, añade.
Ella explica que cada año, como se ha hecho desde siempre, reparan las cubiertas de las pallozas «aos poucos«, unos 20 metros cuadrados de los 300 o 400 que puede llegar a tener de superficie cada techo.
«Arranxar un metro cadrado custa, hoxe mesmo, 200 euros«, cifra, y una cantidad enorme de paja de centeno porque el grosor ronda el medio metro.
Eso sí, lo que se rehabilita dura hasta15 años, a menos que llegue un temporal como Herminia, en enero de 2025, y arrase con lo que encuentre. En aquel momento hubo cuantiosos daños que todavía hoy colean, especialmente porque «partimos dunha situación que xa era bastante mala«.
En Piornedo hay alrededor de una docena de pallozas y cinco de ellas pertenecen a los propios integrantes de la entidad, los cuales trabajan por la recuperación de todas las estructuras de la aldea.
Para ello, «sementamos o centeo —una hectárea—, segamos, facemos a mallega… pero nós sós non chegamos a todo«, reconoce Rodríguez, quien agradece la colaboración y el apoyo de otros colectivos de la zona no solo en los trabajos relacionados con la rehabilitación de los inmuebles, sino también con actividades que organizan y en las que colaboran, como polavilas o rutas de senderismo.
«Coñecémonos todos e axudámonos«, afirma una mujer que insta a las administraciones a aportar ayudas económicas «continuadas e estables» para preservar un conjunto «único«.
España, el país con más reservas
España es el país del mundo con más Reservas de la Biosfera en su territorio: 55 en total.
Vigila, además, que todas ellas cumplan con los más elevados estándares de calidad, por lo que dispone de una estrategia de salida; es decir, un protocolo que evalúa el cumplimiento de los requisitos de la Unesco y que, de detectar deficiencias, abre un plazo determinado para subsanarlas. De no hacerlo, se procedería a retirar la catalogación.
Con todo, Andrea Macho, presidenta de la Red Española de Reservas de la Biosfera tras el congreso celebrado en La Siberia, señala que, en 50 años, en este país no se ha retirado ninguna, algo que sí ha ocurrido en lugares como Estados Unidos.
En la provincia de Lugo, además de Terras do Miño y Os Ancares Lucenses, gozan también de esta protección Río Eo, Oscos e Terras de Burón y Ribeira Sacra —la última en Galicia en incorporarse, en 2021, como paso previo a su candidatura a Patrimonio de la Humanidad—. Ambas están gestionadas por la Xunta de Galicia.
